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NOTAS SOBRE EL VIERNES SANTO
Durante este día, la Iglesia conmemora la Pasión de Jesús, adora su
Cruz, recuerda su nacimiento del costado de Cristo y, por la plegaria universal, intercede por la salvación del universo.
El Vienes Santo es, para el cristiano, un día de esperanza y confianza en Dios, en medio
del dolor: los sufrimientos de Cristo atraen la benevolencia del Padre al mundo. La Cruz, símbolo del patíbulo
y de la ignonimia, es adorada: el instrumento de la humillación se ha convertido en el término de la gloria. Hoy, el cristiano
se encuentra, de modo especial, con la Cruz: recuerda así que, pra ser fiel discípulo del Maestro, deberá tomar
su cruz de cada día, y que sólo ella es la repuesta a las ansias de salvación y liberación de una humanidad
que gime bajo el peso de los pecados.
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PELÍCULA LA PASIÓN. A las 19:30h (más o menos)
Una película durísima, pero no gratuita. Fiel a la historicidad
de los sucesos, Gibson se permite unas licencias como todos
los cineastas que han llevado a Jesús a la pantalla, que
son sencillamente deliciosas. Licencias que podrían
haber ocurrido perfectamente, pero de las que no tenemos
constancia. Por ejemplo, el tratamiento que hace
de María durante la Pasión es enormemente rico y
teológico, y nos brinda, entre otras, la escena
más enorme –grandiosa, incluso– de la película:
Cristo cae por enésima vez con la Cruz a
cuestas –no hay tres caídas, como en el Via Crucis,
sino muchas más–, y María, destrozada, que sigue la
comitiva por un callejón paralelo, no puede soportar
más el sufrimiento de "su niño" –cuando vean la película
me entenderán– y se abalanza sobre Él, yacente en el enlosado,
y le dice: "Jesús, estoy aquí contigo", y Él, sacando fuerzas
de flaqueza, fija en ella su mirada y le dice: "¿Ves, Madre,
cómo yo hago nuevas todas las cosas?". Si nos fijamos, varias
veces que Cristo cae, encuentra fuerzas para incorporarse
cuando sus ojos descubren a su Madre.
(Pueden continuar leyendo el comentario a la película, firmado por Juan Orellana, en Aceprensa)
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