26/01/2007 - TIERRAS DE PENUMBRA
El viernes por la noche los padres y madres de Rúa Nueva quedaron en el Club para
cenar y ver una película, comenzando así las sesiones de cineforum tan esperadas este curso.
La película elegida esta semana fue Tierras de penumbra. A continuación escribimos
algunas notas tomadas del servicio 033/94 de Aceprensa, del 09/03/1994.
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Tierras de penumbra es una película singular, porque ofrece frontalmente una reflexión seria sobre el sentido del dolor. Naturalmente, en una película no hay tiempo para mucho, pero el esquema es nítido, veraz, fuera de toda ñoñería y de toda tonta incredulidad.
Vemos a C. S. Lewis, conferenciante de temas cristianos, tratando con frecuencia el tema del dolor. Aparecen muchos de los argumentos cristianos verdaderos, pero repetidos con frecuencia sin haberlos experimentado. Esa posición de Lewis puede verse en su libro El problema del dolor. Ideas como ésta: 'Dios nos susurra en nuestros placeres, nos habla en nuestra conciencia, pero nos grita en nuestros dolores: es su megáfono para despertar a un mundo sordo'.
Pues bien, muere, de cáncer, su esposa Joy Gresham. Y aquel hombre, que hablaba muy bien del amor, pero que no había querido con locura a nadie, salvo a su Joy, se da cuenta de que la mayoría de las cosas que ha escrito y predicado sobre la aceptación del dolor suenan literalmente a música celestial.
Era muy difícil abarcar plenamente la rica personalidad de Lewis, pero su talla humana e intelectual queda patente en la película.
En esa circunstancia, escribe unos cuadernos, Una pena en observación, con sus doloridas impresiones ante la muerte de su esposa -designada en ellos como H.- y sus quejas dirigidas a Dios.
Lewis rectifica después sus quejas iniciales contra Dios, pero no como un final feliz, sino en otro plano, difícil incluso de explicar, pero real, profundo, de verdadera raíz de fe.
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No es que Lewis se rebele contra Dios. No es, ni a distancia, de esos que escriben una vez más que 'después de Auschwitz no se puede creer en Dios'. O de ésos que siguen con el tópico de que 'después de la muerte de un niño inocente es imposible escribir poesía'. Es una vacuna contra la superficialidad religiosa.
En la última parte de Una pena observación, Lewis llega a una situación de mayor conformidad con la voluntad de Dios, siempre sin tópicos baratos. Por así decir, llega a ver un poco las cosas desde el punto de vista de Dios. Y piensa que Dios no le consuela con los tópicos que a veces usan algunos de sus predicadores, sino que le mete en otro mundo, en otra lógica.
El lenguaje de Lewis es éste: 'Cuando le planteo estos dilemas a Dios, no hallo contestación. Aunque más bien es una forma especial de decir: 'No hay contestación'. No es la puerta cerrada. Es más bien como una mirada silenciosa y en realidad no exenta de compasión. Como si Dios moviera la cabeza no a manera de rechazo sino esquivando la cuestión. Como diciendo: Cállate, hijo, que no entiendes '. Otra de sus reflexiones: 'Todas las preguntas disparatadas carecen de respuesta. Lo más probable es que la mitad de las cuestiones que planteamos, la mitad de nuestros problemas teológicos y metafísicos sean algo por el estilo'. Es la lógica de Dios.
En esa nueva lógica, no se suprime el dolor, ni siquiera se dice que es un 'megáfono para despertar a un mundo sordo'. En esa nueva lógica todo queda con los tintes duros -pero no tristes- de una muerte que es un mazazo al corazón. Pero se mira a Dios y se llega a pensar, aunque no se digan quizá esas palabras, que 'Él sabe más'. Por eso puede escribir: 'Mis apuntes han tratado de mí, de H. y de Dios. Por ese orden. Exactamente el orden y las proporciones que no deberían haberse dado'. El orden que debería haberse dado es, claramente, 'Dios, H. y yo'.
Para leer más
C. S. Lewis. El problema del dolor. Editorial Universitaria. Santiago de Chile (1990). 163 págs. El libro no está bien traducido. Valdría la pena reeditarlo cuidadosamente.
C. S. Lewis. Una pena en observación. Versión de Carmen Martín Gaite. Trieste. Madrid (1989). 80 págs. Un análisis detallado del libro se publicó en el servicio Aceprensa 70/89.
María Dolores Odero y José Miguel Odero. C. S. Lewis y la imagen del hombre. EUNSA. Pamplona (1994). 427 págs.
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