Fotografía realizada por una de las compostelanas que acudió
a Colonia donde muestra una columna de jóvenes dirigiéndose
a la jornada FOTO:Gallego
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Sara, Cristina, María o Bea son algunas de las jóvenes compostelanas que el pasado día 15 de agosto
partieron hacia la ciudad alemana de Colonia para participar en la XX Jornada Mundial de la Juventud
convocada por el Papa Benedicto XVI, y que se prolongó hasta el día 21 congregando a un millón de personas, por
lo que se superó con creces la expectativa de participación más optimista.
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Ahora, pocos días después de su regreso a Compostela, estas jóvenes, de la asociación juvenil
Rúa Nueva no dudan en asegurar que Benedicto XVI “ha pasado el examen que le hicimos los miles
de jóvenes que estuvimos en el Campo de María, en Colonia, con un sobresaliente”.
En este sentido, Sara dice que no ha cambiado su impresión sobre el Papa: “Sólo ha confirmado la opinión
que me había hecho antes de conocerle y que ya era muy buena, por cierto”.
Sobre las motivaciones que llevaron a estas jóvenes a viajar hasta Colonia, Cristina asegura que “nos moríamos
de ganas de conocer al nuevo Papa, de hablar con él, y no lo digo en sentido figurado, porque los miles de
jóvenes que nos reunimos en la jornada convocada por Benedicto XVI nos convertimos en un único joven que habla
en intimidad con el Papa”.
Por su parte, María quiere subrayar que pudieron sufragarse el viaje a Colonia (Alemania) “de distintas maneras,
desde vendiendo bolígrafos, hasta pidiendo dinero a nuestros abuelos e incluso los patrocinadores del Xacobeo
nos concedieron algo de dinero, ya que entendieron que era una ocasión perfecta para hacer publicidad de Galicia
en toda Europa”.
En cuanto a la convivencia con jóvenes de otros países, Bea insiste en que fue “una experiencia genial,
conocimos a mucha gente muy diferente y eso abre un montón la mente. Además, parecía como si ya conocieses
a la gente y te reencontraras con ella”, comenta.
A pesar de que muchos jóvenes tuvieron problemas a la hora de alojarse debido a la avalancha de personas que
participaron en la jornada papal, estas jóvenes no se vieron en esta tesitura ya que, previsoras, tenían
reservadas plazas en un hotel, aunque en Lieja, a una hora de Colonia.
Esta previsión, sin embargo, no impidió que en los días que duró la jornada tuvieran que dormir al raso o
caminar durante varias horas. “Estos inconvenientes los superamos perfectamente, ya que la convivencia y el
ambiente que se respiraba fue magnífico”, dice Bea.
Por último, subrayan que tanto el Papa actual como Juan Pablo II “son personas que saben acercarse a los jóvenes.
Se nota que hay empatía y diálogo”.
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