| La Fundación Cume para el Desarrollo de Culturas y Pueblos, con el proyecto
"Rescate de memoria", busca que jóvenes voluntarios compartan con ancianos sus experiencias,
creando así relaciones intergeneracionales y propiciando el conocimiento y comprensión de nuestra
historia.
Fruto de los momentos de compañía, de las horas de conversación, son las narraciones que se recogen
en el libro Rescate de Memoria. Son narraciones que reflejan en una historia la que podría ser la historia
de muchos si suprimimos detalles accidentales. Hay vidas fáciles y difíciles, soledad y compañía,
historias de quien tuvo que emigrar a otros países y las de quien hoy está en España añorando su pueblo
situado al otro lado del mundo, optimismos y pesimismos, ganas de contar y ganas de callar, amores que se añoran
porque ya no esán y, en definitiva, gran cantidad de recuerdos.
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Quizás fuera un lobo de los mil mares,
a lo mejor un héroe de guerra
o un visionario; ¿quién sabe? Tiene tantas cosas que contar... Nosotros le hemos escuchado.
Quizás tú también quieras hacerlo
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Santiago de Compostela, curso 2005-06
Manuel nació en 1914, está casado con Maruja y tiene dos hijas:
Mª Dolores, la mayor, y Berta que tiene una discapacidad.
Hasta hace pocos meses vivía con su mujer y su hija Berta en la aldea, Parada Naviote,
que está próxima a Carballiño. Se trasladaron a Santiago para vivir con su hija
mayor, porque Manuel padece de parkinson. Esta situación se ha agravado un poco tras una
caída por las escaleras, ahora va en silla de ruedas y apenas tiene movilidad en las
piernas.
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Manuel y Maruja compartiendo con los voluntarios su "rescate de memoria".
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Mª Dolores trabaja durante el día, lo que le impide dedicar a su familia
el tiempo que le gustaría. Nosotras sabemos que les gusta mucho que vayamos a hacerle
compañía y escuchar sus historias, anécdotas de su vida que nos resultan muy
enriquecedoras, pues nos descubren la vida en la aldea, y la capacidad de trabajo y de
abnegación de sus habitantes.
Manuel era carpintero, él mismo elaboró muchos de los muebles que
tiene en su casa. Mientras nos contaba cómo transcurría uno de sus días en el
taller, nos iba descubriendo un mundo nuevo para nosotras. En nuestra imaginación le
situábamos en un taller como los actuales, pero ubicado en su aldea. Al decirnos que cuando
empezó este oficio no existía la luz eléctrica, nos dimos cuenta que
estábamos ante un verdadero artesano, todos sus muebles los ha elaborado con sus manos,
ayudándose de instrumentos que movía con la fuerza de su energía.
Todavía hoy conserva con gran cariño estas herramientas básicas en su taller.
A pesar de lo duro de su trabajo, Manuel seguía teniendo fuerza para
ayudar a su mujer en los trabajos agrícolas. Ella era la que cultivaba, araba y cosechaba,
gracias a lo cual entraban todos los días en casa verduras y hortalizas frescas, que Maruja
tras unas vueltas y revueltas en el fogón de leña conseguía transformar en ricos y
energéticos manjares.
El trabajo artesano de Manuel no se limitó a los muebles, sino que se
construyó él mismo su instrumento preferido, un laúd, ya que la música
es uno de sus hobbies favoritos. Le encanta contarnos cómo cuando era joven, formó
con otros amigos aficionados una pequeña orquesta. Iban de aldea en aldea tocando sus instrumentos,
aunque según Manuel, no tenían conocimientos de música, sino que cantaban y
tocaban de oído. La música sigue siendo una de sus grandes aficiones y el oído
una de las cualidades que aún conserva, a pesar de sus 91 años. Cada vez que vamos a visitarle
nos deleita con algunas canciones.
Maruja, en alguna ocasión, nos ha introducido en el trabajo del campo,
lo duro que resulta, pues es una dedicación diaria, muchas veces los instrumentos más
adecuados eran sus propias manos. También nos situó en el funcionamiento del arado que
para nosotras -nacidas y crecidas en la ciudad- era totalmente desconocido. A pesar de la inversión
del tiempo y esfuerzo, el trabajo del campo está en manos de Dios, pues las cosechas dependen mucho
del tiempo climático, y aunque en Galicia tenemos casi asegurada la lluvia, también de vez en
cuanto tenemos tormentas o heladas que echan a perder las cosechas… pero por encima de estas dificultades
las personas del campo han seguido sobreviviendo y saliendo adelante.
Con frecuencia, sobretodo cuando era fiesta, asistían a las llamadas
"feiras" que empezaban después de comer y terminaban sobre las 9 y media de la noche,
hora en que la Guardia Civil mandaba a todos a sus respectivas casas.
En alguna de las conversaciones nos contaron con nostalgia, como antes en la
aldea había mucha gente joven y que hoy en día sólo quedan personas de la
tercera edad; pues es frecuente entre los jóvenes abandonar el duro trabajo del campo y
las condiciones más difíciles de vida de las aldeas, por un trabajo más
cómodo y remunerado en la ciudad.
Se nota que ellos han vivido felices en la aldea, y que todavía echan
de menos esa vida, pues es "su vida"; aunque entienden que en sus circunstancias actuales
están mejor en Santiago, les cuesta un poco, pues aquí no pueden salir a la calle
con facilidad, se encuentran un poco solos durante el día, pues sólo conocen a los
amigos de su hija mayor y algunos vecinos -pero pocos, pues la mayoría son estudiantes-.
Berta es muy cariñosa, siempre que vamos a visitarles nos llena de besos y se
resiste a despedirse de nosotras, por esto intentamos sacar tiempo libre entre clases y estudio y
escaparnos para hacerles un rato de compañía. Ellos se quedan muy contentos y nosotras
más, pues nos sentimos útiles; lo único que damos es un poco de nuestro tiempo
y ganamos mucho más. Cuando les avisamos que vamos a ir a visitarles, mientras nos esperan
recuerdan episodios y anécdotas que nos pueden hacer reír o pensar.
Ana Paredes y Mercedes Olivera
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